Yaya TouréYaya Touré, el segundo fichaje barcelonista de la temporada 2007-2008, viene con una pequeña confusión nominal bajo el brazo. Cuando todos pensábamos que su nombre era uno, el jugador marfileño aparece con una camiseta con el nombre estampado al revés. Según anunció el día de su presentación, fue su mujer quien pidió el cambio: “He variado el orden del nombre porque lo ha querido mi mujer”, aseguraba el nuevo jugador azulgrana. “En el Mónaco lo había pedido pero allí no lo entendieron. Aquí ha sido más facil”, admitió el poderoso futbolista marfileño.

De todas maneras, lo de Touré tiene guasa porque ya puestos, la prensa deportiva no se ha decantado ni por Yaya Touré ni por Touré Yaya: “El nuevo Vieira”, ya han añadido la mayoría. La solución es facil, si hay problemas en cuanto a su nombre, utilizamos una comparación y listos. En realidad, la cuestión empieza cuando el propi Txiki Begiristain presenta al jugador con un perfil parecido al del actual jugador del Inter para añadir poco después que “no lo comparéis con Vieira”.

Dicen que los médicos del Barça quedaron impresionados con el jugador. A estas alturas, lo que les debería impresionar no es su físico sino que el pobre no sufra doble o triple personalidad con tantos nombres o comparaciones.

Caso similar el de George Finidi, jugador nigeriano que militó en el Real Betis hace ya unas cuantas campañas, que cuando aprendimos su nombre, resultó que también era al revés. El espigado delantero acabó llamándose Finidi George. Referencias parecidas sobre los casos de estos jugadores africanos las encontramos en el poeta argelino Kateb Yacine, que siempre firmaba con su apellido delante recordando la forma en la cual lo llamaban en la escuela primaria pues en realidad se llamaba Yacine Kateb. Y es que hablar de una norma general en los africanos es complicado . En muchos casos, los nombres definen , por un lado, su ascendencia africana y, por otro, un nombre del país colonizador.

El caso brasileño
En Brasil, parece que la cosa está más clara puesto que primero van los apellidos maternos y después los paternos. Aunque, ahí no tiene manías, con sus nombres interminables a uno lo acaban llamando por un sobrenombre. ¿Qué tal ‘Gáucho’, por ejemplo?

Puestos al asunto de los nombres futbolísticos, ¿quién no recuerda a Claudio Ranieri en su etapa en Mestalla? En ese Valencia del Piojo López, el técnico italiano rebautizó a Illie como la Cobra. ¡Vaya, Ranieri no tenía un equipo de fútbol sino el arca de Noé!

Pero si queréis añadir más confusión al caso de los nombres de futbolistas, observad, finalmente la transformación del nombre de un jugador del Valencia de los años ochenta. Salvador González Marco, un día llamado Boro, dijo como la canción de Pastora (“no me llames Dolores, llámame Lola”) y se transformó de un día por otro en Voro por cuestiones lingüísticas. ¿Alguien da más?

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