La Zona MuertaHace unas semanas, mi compañero Joan Justribó explicaba en su blog Calle 9 la zona mixta del estadio de Osaka, lugar de encuentro entre periodistas y atletas. Desde un punto de vista antropológico las zonas mixtas de cualquier estadio o pabellón son aquello que el antropólogo francés Marg Augé definió como los ‘no-lugares’.

En el mundo del deporte, la zona mixta es el paradigma más claro de estos espacios impersonales que “no pueden definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico”. Salas de espera de hospitales, clínicas, aeropuertos, cajeros automáticos, lavabos públicos, estaciones de tren o autobuses son ejemplos de lo que dice Augé.

Y sin embargo… como dice la canción de Joaquín Sabina… Y sin embargo, los periodistas, en términos generales, vivimos la noticia y, sobre todo, las esperas en esta zona muerta que son las zonas mixtas. ¿Qué queréis que os diga? Que a mí esto de las zonas mixtas me suena mucho a sandwich, lo que por estas tierras al mixto lo llamamos bikini.

Y vivir en un bikini a un servidor no le apetece demasiado pero la zona mixta es nuestro lugar común, igual que las salas de prensa, lugares impersonales, pequeños teatrillos donde unos y otros representan su papel a la perfección: Ronaldinho, por enésima vez, dice que se queda, que es feliz, que no se va de marcha o Rijkaard apela a las buenas intenciones del equipo.

Los no-lugares clásicos de Augé, no obstante, tienen sus diferencias. En lo deportivo, nuestras zonas mixtas no son espacios de libre circulación sino más bien algo parecido a un vallado donde el pastor recluye a sus ovejas o un perímetro de seguridad donde el prisionero es el profesional de la información pues el jugador, estrella mediática, acude si le apetece mientras que el periodista sigue la actualidad en una espécie de jaula. Que no se ofendan mis compañeros ‘periquitos’…

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