Luis AragonésA estas alturas de la película, nada te debe sorprender estimado lector, hablando sobre la selección española y sobre todo, por lo que afecta a la Federación Española de Fútbol. Pasados unos días de la campaña mediática del nacional-raulismo (Doménech Garcia dixit), no me sorprende tanto el sunami blanco sino el poco apego que, en general, tenemos los aficionados del fútbol hacia los ‘entrenadores cátedra’.

Recuerdo hace unos años a Bobby Robson, toda una institución en el Reino Unido, que bajó de la ‘pérfida albión’ para entrenar al Barça en el periodo convulso del post-cruyffismo. ‘Sir’ y hombre de fútbol no pocos dudaron de sus artes y sus métodos. El debate, no obstante, sobre dobles pívotes, el papel de Ronaldo o la filosofía del equipo pasó a un segundo término cuando las críticas pasaron a términos personales: “el abuelo chochea, no tiene ni idea, está senil, etc, etc.”. La senilidad trajo al Barcelona una Supercopa de España, una Copa del Rey y una Recopa…

Ahora, con Aragonés en el banquillo, las críticas se han tornado del mismo color. Al debate sobre el juego de la selección se añade con tintes de mala leche y brabuconería la cuestión sobre Raúl. Admito, de entrada, mi admiración por el ‘7’ del Madrid pues es uno de los pocos jugadores españoles con mentalidad ganadora y con suficiente brillantez pero me fastidia soberanamente el ‘raulismo’ como eje de la campaña mediática que desprestigia a un técnico simplemente por su edad.

Pregunta retórica: ¿En España sería posible encontrar un caso como el de Guy Roux (más de cuarenta años en el cargo), eterno entrenador del Auxerre? ¿Y un Alex Ferguson, dos décadas entrenador de los ‘red devils’?

Aragonés no está libre de culpa por su pico de oro (y por no dimitir después del Mundial de Alemania) pero el linchamiento que ha sufrido convierte una vez más el banquillo español en una silla eléctrica que pocos han sabido aguantar. El próximo capítulo, el partido de España contra Suecia en el Bernabéu. Raúl for president, a este paso…

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