No voy a hablar ni de Schuster ni de Mijatovic, ni tan solo de Ramón Calderón ni ‘sus’ Kaká o Cristiano. Pero sí del Madrid, y no del Real Madrid de ahora sino el de los años cincuenta. Que me perdone mi padre, socio del Barça, pero hoy me toca hablar del Madrid.

Hace unos meses tuve el placer de conocer un ex jugador del Real Madrid, Ángel Atienza, nacido en 1931 en la capital española. Atienza fue defensa de la época dorada del equipo blanco, consiguiendo tres Copas de Europa. Lo más significativo de Atienza no es sólo su pasado futbolístico sino que, abandonando el fútbol en edad temprana, se dedico al arte. En concreto, como cristalero, pintor y artista de fama internacional, viviendo más de veinte años en Venezuela. 

Hace pocos años abandonó Sudamérica para instalarse en Barcelona, buscando la mezcla de mar y montaña que ofrece nuestra ciudad. Atienza vive en el barrio de Nou Barris, en Torre Llobeta, como un ilustre ciudadano (no le puedo llamar ‘jubilado’ porque según él, “un artista jamás se jubila”) que cuenta sus batallas futbolísticas pero también muestra sus enormes álbumes de creaciones artísticas.

“Ahora a los jugadores sólo les interesa el dinero y a veces tiene comportamientos impropios”, dice Atienza, que jugó seis años en el Real Madrid. “Antes todo era mucho más sencillo porque jugar al fútbol era la única cuestión básica”. Lo cierto es que ese Real Madrid de Atienza era la base con la que el club de Bernabéu asentó su dominio europeo. No obstante, en esa época la prensa deportiva solía decir que el Madrid tenía una delantera de esmoquín y una defensa de alpargata… bueno, Atienza, era uno de los integrantes de esa defensa mal etiquetada.

Me parece que al viejo Atienza le debía este artículo. Primero por el cortado al que me invitaron él y su encantadora esposa. Después, porque Atienza me recuerdo un poco al actual entrenador del Barça, Pep Guardiola. El estilo intelectual de Pep a menudo es criticado en un mundo de músculo. Atienza en los años sesenta sufrió la incomprensión de su propio equipo: “Yo había pintado y dibujado desde que era pequeño y no lo dejé de hacer nunca y de alguna forma me perjudicó mientras era jugador porque en esa época sólo se permitía jugar al fútbol, nada más que al fútbol. En mi época no aceptaban que tuviera otras cosas en mi vida”.

En un viaje del Madrid a Bruselas, Atienza se quedó maravillado de una obra hecha en cemento y cristales en las instalaciones de la Exposición Universal. Allí descubrió que quería ser artista. Dejó el fútbol y se dedicó a la creación.

Tomando un cortado en un bar le dije que me había quedado maravillado por su curriculum, bueno, que todo era genial “menos eso de ser del Madrid”. “¿Cómo?”, dijo él. “Bueno, que nadie es perfecto, señor Atienza”, respondí. Sus gruesas cejas se arquearon de sorpresa y, al instante, su sonrisa me hizo muy feliz. Perdone por la ‘vacilada’. Hoy me he acordado de usted. Le debía este artículo, maestro.

[+] ENTREVISTA A ÁNGEL ATIENZA

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