Jon Cortina era un sacerdote jesuita vasco fundador de la organización Pro Búsqueda que se encargó de defender los derechos humanos en Surámerica y reunir familias separadas por la guerra civil de El Salvador. Desde 1994, esta entidad ha contabilizado 754 solicitudes de búsqueda de niños, se han resuelto más de 300 casos y se ha producido 174 reencuentros. Además de un héroe para las comunidades indígenas de ese país, Cortina era un acérrimo seguidor del Athletic de Bilbao que solía decir que “Dios sólo creó un equipo perfecto, el Athletic Club. Al resto, los llenó de extranjeros”.

Estos días, viendo la clasificación de la Liga BBVA me acuerdo de Cortina al ver a los leones encaramados en la undécima posición, luchando partido tras partido no sólo contra sus rivales sino también con su filosofía de no incluir jugadores formados fuera de Euskadi. Por debajo del Athletic, nueve clubs repletos de jugadores de todas las denominaciones de origen posibles. Por ello, me parece muy meritorio el trabajo de Joaquín Caparros.

Algunos pensarán que los jugadores son los únicos que se labran su destino. En muchos casos es así. No obstante, en el caso del Athletic el carácter que ha imprimido este sevillano no pasa desapercibido, como no debería pasar por alto la labor de Caparrós en el banquillo del Sevilla. Se puede hablar mucho, largo y tendido de Juande Ramos, pero quien puso los mimbres de los éxitos históricos del equipo andaluz fue sin duda el utrereño siguiendo la misma regla que obligatoriamente tiene que usar con los bilbaínos, mimar la cantera.

No sé si el Athletic es el club perfecto, pero sí el que mantiene su filosofía centenaria en pleno siglo XXI. Me parece un ejercicio de honestidad muy elevado. Seguro que algunos directores deportivos de muchos clubs españoles deberían hacer un ejercicio de conciencia tras fichar a jugadores de otros países que ni aportan ni aportarán nada a la Liga española. Como diría Laporta, “que n’aprenguin”.

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