El Barça de Guardiola tiene un duro trance en el mes de abril en Munich, la ciudad bávara con mayor proyección deportiva en los últimos cincuenta años. No obstante, la historia del deporte se escribe en letras de oro a menos de dos cientos kilómetros del Allianz Arena. Concretamente en la ciudad de Herzogenaurach, donde Adidas y Puma tienen sus cuarteles generales e historias muy impactantes. Es sabido que en 1948 los hermanos Adolf y Rudolf, socios comerciales desde 1924 con la empresa de calzado Dassler, dividieron dicha empresa, se dejaron de hablar y practicamente partieron  la localidad de Herzogenaurac entre simpatizantes de Adidas y Puma, respectivamente. Antes de eso cabe reseñar dos episodios que forman parte de la historia del siglo XX y que se surgieron de esta localidad cerca de Nuremberg.

Primer flash. Estadio Olímpico de Berlín. En 1936, Jesse Owens gana cuatro medallas de oro ante la indignación de Adolf Hitler. La supremacía aria queda en entredicho ante las zancadas de Owens. Lo curioso está en los pies del estadounidense. ¿Qué zapatillas calzaba el estadounidense? Respuesta correcta: ¡unas Dassler!

Segundo flash. La Segunda Guerra Mundial sacude el Viejo Continente y la Alemania nazi saca jugo a su potente industria. Las principales empresas del Reich dejan sus antiguas producciones para centrarse en la indústria armamentística. Es así como la fábrica Dassler pasa de las costuras a las soldaduras ya que la fábrica empieza a fabricar unos bazokas denominados Panzerschreck’, que eren el terror de los tanques de combate aliados. Las numerosas bajas aliadas de estas armas hacen que en 1945 cuando las tropas aliadas llegan a Herzogenaurac los soldados norteamericanos están a punto de destruir el taller de los bazocas. Una foto de Jesse Owens luciendo sus zapatillas de clavos Dassler evita la destrucción de la fábrica.

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