Soy un fan reconocido de Iker Casillas, el mejor portero del mundo. Pero mi portero es Víctor Valdés, un tipo muy criticado esta temporada y que ha sido en muchas ocasiones el cabeza de turco por algún fallo reconocido pero también por motivos que atañen más a su personalidad que a sus acciones entre los tres palos. Esta temporada hemos visto muchos comentarios en contra y se han creado muchas grupos en su contra en las redes sociales. El mundo azulgrana está dividido entre los que vemos en él un portero con garantías y los que piensan que no puede representar al FC Barcelona.

En Stamford Bridge, Iniesta hizo el gol pero Víctor Valdés nos dejó vivos en el partido a pesar de las numerosas ocasiones de que dispuso el Chelsea. Ya no digamos sus intervenciones providenciales en el Camp Nou ante los ‘blues’. A mis treinta y pico quizás no tenga mucha memoria histórica para repasar a todos los porteros del Barça pero tengo la suficiente para darme cuenta que ningún cancerbero se ha escapado de las críticas de la afición culé. De Artola a Zubizarreta, pasando por Urruti, Hesp, Baía, Bonano o Reina, hasta llegar a Valdés. Nadie se escapó de las dudas. Con Víctor Valdés no ha sido diferente. A las críticas por su juego se han sumado críticas por sus acciones fuera del terreno de juego. Quizás no sea un tipo popular pero me gusta. Me gusta su osadía, sus pequeñas locuras y su carácter. Yo al portero del Barça no le pido que sea el más popular de la clase.  Sólo le pido que cuando jugamos una semifinales de la Champions, mantenga la portería a raya. En Stamford Bridge, el Barça tuvo un portero de altura. Así es.

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