La justicia divina perica ha caído sobre Noemí Rubio, la jugadora del Espanyol que colgó en su Facebook una foto ataviada con los colores del Barça en la final de Copa de Valencia. El responsable del fútbol femenino del Espanyol, Josep Ramió, califica de “falta de respeto para la entidad que le paga, una entidad donde ella está por voluntad propia desde hace cuatro años”. Y el Espanyol se queda tan ancho. “Si juegas en un equipo de fútbol te tienen que decir cómo tienes que pensar”, me decía esta mañana un compañero de trabajo. Pues sí. Así es.

Expedientada y de patitas a la calle por ser culé. Con estos argumentos tan racionales, un equipo de fútbol tira por los suelos la profesionalidad de una jugadora. Es paupérrimo el protagonismo del deporte femenino en los medios de comunicación como para sumar un motivo negativo más. Expedientar a Noemí me parece una medida decimonónica, enquistada en ese rancio romanticismo pueril que el mundo del fútbol nos tiene acostumbrados, haciéndonos creer que los deportistas son voluntarios de la causa y no simples profesionales.

Está claro que las redes sociales tienen sus límites. Facebook es una mina de expedientes, despidos y conflictos laborales. Rubio ya lo ha probado. Ahora, puestos al caso, no me parece inteligente poner en duda el trabajo de una deportista. Si en vez de pintada con los colores del Barça hubiera salido desnuda, otro gallo le cantaría. Bueno, otro perico cantaría. Por cierto, Jan, fíchala.

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