Con un par. Así pensé que habían actuado los responsables que pusieron el nombre de Tofik Bakhramov al estadio de Azerbayán en el que hace unas semanas jugó España un amistoso. Los héroes de la extinta Unión Soviética no sólo fueron cosmonautas como Yuri Gagarin o Valentina Tereshkova. Por debajo de las estrellas, Bakhramov se convirtió en un héroe de la URSS y un villano en Alemania tras el 31 de julio de 1966, horas después que el línier azerbayano concediera como gol un tiro fantasma (el 3-2 del 4-2 final) del delantero Geoffrey Hurst que llevó a Inglaterra a conquistar su único campeonato del mundo ante los germanos. La tecnología reveló años después el error del trencilla. Esto no impidió que en 1996, Inglaterra le organizó un homenaje a Bakhramov con más de 3.000 hooligans vestidos con la camiseta con el dorsal 66 y el nombre de Tofik en la espalda.

Siempre me han parecido muy grandes las historias de los pequeños grandes héroes, aún más si añadimos que su presunta heroicidad fue un error.  Los nombres de los estadios deportivos son parte de la historia de un país o de un territorio. Las gestas y referencias bélicas inundan las placas de entrada de los modernos coliseos (veáse en Paraguay el Estadio Defensores del Chaco). Pero hay espacio para los nombres curiosos (Estadio Qemal Stafa, Pensativo, Caliente o Correcaminos, en Albania, Guatemala, México y El Salvador, respectivamente) pero también para los personajes que han marcado historia al estilo del amigo Tofik.

Estos días he estado haciendo un pequeño concurso entre mis compañeros sobre nombres destacados y la selección ha sido muy curiosa:

-En Oviedo, el Municipal Díaz Vega, en honor al colegiado asturiano, gran amigo de Johan Cruyff, al cual calificó de “bocazas” tras unas críticas del ex técnico del Barça.

-En Getafe, el Coliseo Alfonso Pérez. El ex jugador del Real Madrid y Barcelona solía considerar desmesurado el reconocimiento de sus paísanos. Cabe destacar que Alfonso nunca militó en el Getafe ni jugó un sólo partido oficial en dicho estadio.

-En Torredonjimeno, el Estadio Matías Prats. En esta ocasión, ni Don Matías jugó en el Torredonjimeno ni nació en esa localidad. Lo significativo de la historia es que a mediados de la década de los sesenta, el Torredonjimeno participó con éxito en los trofeos ‘Matías Prats’. La trascendencia histórica hizo que el popular periodista tuviera el honor de dar nombre al estadio de Jaén.

-En Ávila, el primer presidente de la transición española, Adolfo Suárez da nombre al Estadio municipal.

Como vemos, fallecer no es cuestión imprescindible para poner nombre a un estadio. Ni tan sólo (véase el Coliseo de Getafe) haber acabado una carrera deportiva. A veces, por eso, hay matices muy importantes. En Palafrugell, en el Baix Empordà, y pueblo donde nació el escritor Josep Pla, el estadio municipal lleva el mismo nombre que el literato. Pequeño matiz: el escritor tenía de apellidos Pla Casadevall mientras que el estadio está dedicado a Pla Arbonés. En la patria del corresponsal de La Vanguardia, el estadio está dedicado al concejal de Deportes del Ayuntamiento gerundense en el año 1971. Sí, señor, ‘a lo Juan Palomo’.

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