Gasolina, velocidad, bellezas, lujo y… polémica. La Fórmula 1 se ha convertido en los últimos tiempos en una impresionante cocktelera de sensaciones, más allá de lo meramente deportivo. El caso de espionaje de McLaren a Ferrari abrió la caja de Pandora del deporte-espectáculo de la F1. La FIa y Max Mosley comprobaron cómo el circo del Mundial se posicionaba en las primeras páginas y desde aquél momento la expectación-audiencias no han parado de aumentar. Más allá de la crisis y los flojos resultados de Alonso en Renault que han hecho decrecer el interés en España por la competición, lo cierto es que la tensión por la F1 se había mantenido durante tantos meses y no sólo en los espacios y los medios de comunicación deportivos: la orgía nazi de Max Mosley, las constantes guerras de ‘egos’ entre los compañeros de escuderías, las nuevas reglas para la temporada 2010, el KERS, etc. podrían formar parte de cualquier teoría ‘conspiranoica’ de la FIA, Ecclestone y los patrones para aparecer en portada en tiempos de recortes y crisis mundiales.

¿Debemos pensar mal con el ‘ir-venir-irse’ de Michael Schumacher o la sanción esperpéntica de Fernando Alonso a tres semanas del Gran Premio de Valencia? La Fórmula 1 es llamada el ‘gran circo’ pero no tengo claro si es por su espectáculo o por los curiosos personajes que la forman, teniendo en cuenta, por ejemplo que, por ejemplo, en el caso de la sanción a Renault por su falta de seguridad estuvo promovida por Mohammed Ben Sulayem, el vicepresidente de la FIA que estrelló un monoplaza de la escudería de Briatore en el Circuito de Dubai. ¿Coincidencias?

A estas alturas, no diremos que Ecclestone es el Anticristo ni que Mosley es el Quinto Elemento pero lo cierto es que la polémica acompaña la F1 a lo ‘Dónde estás corazón’ o ‘Sálvame’. Lo importante es que hablen de tí, aunque sea mal, deben pensar en Inglaterra. Quizás sería hora, no obstante, que Ari Vatanen o Jean Todt, candidatos al trono de la FIA, se planteen una estrategia más seria. El deporte lo agradecerá.

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