La única vez que he estado en Berlín fue un verano y El cielo sobre Berlín, parafraseando a Win Wenders, era un aguacero que hacia inútiles paraguas, chubasqueros y demás. Estas dos últimas semanas, han llovido los  récords i las imágenes impactantes en el Estadio Olímpico de la capital alemana. Si en 1936 el héroe fue Jesse Owens, en esta ocasión, el héroe ha sido Usain Bolt. A los puristas, su extravagancia desespera. A los que nos miramos el deporte como un espectáculo, sus muecas ante la cámara nos encanta.

El atletismo ha pasado a una esfera más mediática en la que Bolt es el rey, y Blanka Vlasic, la reina. Una reina que, por cierto, sabe bailar y seducir a los espectadores.

Obviamente también han sido los Mundiales del morbo. Morbo de género ante las dudas que hay sobre la surafricana Caster Semenya. Morbo innecesario, quizás, aunque difícil de contrarrestar comprobando lo dados que somos al tomateo nacional.

Hablando de lo nacional. ¿Soy el único que cree que los resultados de la delegación española son pobres y que el nivel de autoexigencia es muy bajo? Bueno, aunque por Producto Nacional Bruto me quedo con el trabajo de mi compañero Joan Justribó, que a su trabajo habitual le ha sumado estos días las anécdotas en su blog ‘Calle 9’.

PD: La fiebre Twitter también ha llegado al atletismo. La red social con mayor crecimiento del mundo se suma al tartán.

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