A estas alturas de la película quizás no hace falta ponerse las manos a la cabeza. El atraco a Irlanda en París fue clamoroso, de libro, de película, quizás. La acción de Thierry Henry, quizás sea reprobable pero verter todas las críticas hacia el jugador barcelonista sería injusto. ¿Quién no habría puesto la manita en su misma situación?

Ahora bien, una campeona del mundo como Francia no puede entrar en el Mundial por la puerta de servicio. La ‘grandeur’ debería ir acompañada de gestos que legitimen todas las campañas de ‘fair play’ que tanto gustan a FIFA.

Ya hay jurisprudencia sobre un hecho similar. La FIFA anuló en 2005 un partido entre Uzbekistán y Bahrein y debería consolidar su posición con la repetición del Francia-Irlanda.

Debe ser la Federación Francesa de Fútbol quien levanta la mano, no la de Dios, sino la de su responsabilidad y pida repetir el encuentro. El fútbol debería premiar el buen juego, la honestidad y aquellos valores que tanto defiende con hechos y no campañas ni palabras. El fútbol debería premiar a los valientes y no a los pícaros. Basta ya de manitas, manos de Dios, manoplas, piscinas, teatros y actores del área. Que ruede el balón, y por la ‘grandeur’, que Francia entre por la puerta que le corresponde.

PD: Quizás no haya quedado claro mi posición ante esta polémica. Sí, lo de Henry es ser tramposo. No me gusta, al igual que no me gustó la manopla de Agüero ante el Recreativo de Huelva o el gol de Messi ante el Espanyol. Lo que quiero dejar claro, en todo caso, es que ante la trampa -lo ilógico- debe haber unos mecanismos -racionales y lógicos- para compensar estas infracciones. En un anterior post ¿Por qué son tan malos los árbitros? lo dejé muy claro: el fútbol no puede seguir dependiendo del romanticismo. El volumen de negocio del deporte es tan elevado que éste no puede estar condicionado a los errores humanos. Hay que aplicar tecnología. Queda dicho.

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